el sonido de tu voz

Reflexiones sobre inclusión y discapacidad

Por Karina Marín

En un interesante debate entre las pensadoras Judith Butler y Gayatri Spivak, recogido en el libro bellamente titulado ¿Quién le canta al estado-nación?, Butler hace referencia a ciertos actos públicos en los que el fin ha sido reclamar la libertad. Ella afirma, sin embargo, que salir y enunciarlo no es suficiente para lograr la libertad. Pero aclara que “exigir la libertad es comenzar a hacer ejercicio de ella, y pedir por su legitimación es anunciar la brecha que hay entre su ejercicio y su realización, inscribiéndolos en el discurso público de modo tal que la brecha se vuelva visible y pueda ser movilizante”. Las preguntas que brotan de esta cita en el actual contexto ecuatoriano son, entonces, ¿qué exigiremos mañana?, ¿estamos exigiendo libertad?, ¿ante qué nos vemos volcados a exigir libertad?

Me hago ahora esas preguntas, ¿qué exigiré mañana?, ¿ante quién lo exigiré? Algo resulta evidente: mi interlocutor no es el Estado. Tengo claro que no le hablo a quien me agrede y me ignora. Descreo de los discursos patrioteros y no me interesan en lo más mínimo los llamados sensibleros a sentir orgullo nacional, porque la nación es una invención que homogeniza y por lo tanto, margina. Si salir a la calle tiene como motivación “ser escuchado por el poder”, el acto performativo se transforma en una pugna con perdedores ya anunciados: el poder, desesperado y caprichoso, es un gran muro, sin oídos, sin ojos. ¿Cómo plantear ese diálogo con quien censura el disenso? Pienso no sólo que es infructuoso, sino peligroso: continuamos dirigiendo nuestra voz hacia el vacío, continuamos desgastándonos, incluso deslegitimándonos. Por eso, los actos violentos no tienen justificación: reaccionar con violencia y ansiedad solamente es ceder ante el único modo de intercambio que el poder permite, entrar por la única puerta que el mismo poder abre, como una trampa. Salir mañana será un acto de convicción pacifista.

Pienso que el acto de exigir, de reclamar, de movilizarse, es un acto de convicción individual, pero también de multitudes. Se trata de la convicción de que mi presencia afecta a los otros, a partir de la solidaridad ante la violencia y la opresión. Se trata de asumir firmemente la responsabilidad con el de al lado: estoy ahí porque juntos nos complementamos, porque así resistimos. Expongo mi cuerpo (ser “carne de cañón” puede sonar trágico, pero uno pone la carne en estas cosas, uno no tiene más que la “carne” para poner en todas las cosas) porque me hago solidario con tu acto de exponer tu cuerpo. Te hablo a ti porque me hablas; a ti te digo: “soy libre / eres libre”.

Saldré mañana porque necesito decirles a los otros, a los de la multitud, que no acepto que las personas con discapacidad sean utilizadas como imagen de caridad que fomenta una noción equivocada y cínica de política social. Saldré mañana porque hace unos meses, un personero del gobierno encargado de los asuntos de discapacidad, me dijo que lamentablemente desconozco la realidad del país, sin percatarse de que yo, de que muchos, hemos esperado meses por un carné de discapacidad que es entregado de modo agresivo y arbitrario, modo que seguramente él ignora. Saldré mañana porque el carné de discapacidad atenta contra los derechos humanos, califica personas, clasifica vidas, y entre esas la de mi hijo. Saldré mañana porque nos han cerrado en la cara la puerta de varios colegios, porque la Ley de Discapacidades es apenas un ornamento revolucionario.

Saldré mañana porque el discurso de este gobierno es paternalista y machista, y porque hago con mi cuerpo lo que me da la gana y exijo mi derecho a hacerlo. Saldré mañana por todas las mujeres violadas, golpeadas, abusadas, explotadas que ante los dictámenes absurdos del poder seguimos permaneciendo vulneradas, como siempre, aunque tres de nosotras piensen que esta revolución nos da esperanzas. Saldré mañana porque la esperanza y el miedo son las dos caras del mismo discurso revolucionario, y por eso he decidido no tener esperanzas. Saldré mañana por José Tendetza y por su cuerpo flotando en el río, como manifestación del cuerpo atado y estrangulado que todos podríamos llegar a ser y que el poder trata de ocultar. Saldré mañana por los de Luluncoto, que no son diez porque somos todos. Saldré mañana para que reivindiquemos de pie, erguidos, a los padres y madres de los muchachos del Colegio Mejía que se arrodillaron ante la impotencia. Saldré mañana porque defender los derechos de mi hijo me obliga a defender los derechos del resto. Saldré mañana porque la familia tradicional caducó hace rato, porque yo no tuve una familia tradicional ni la tengo ahora, y eso no me deslegitima. Saldré mañana porque el primer valor que he decidido inculcarles a mis hijos es el de la resistencia. Saldré mañana porque jamás les negaré a mis hijos el derecho a una sexualidad sana, responsable y segura.

Saldré mañana porque han copado todos nuestros espacios de circulación con propaganda que nos agrede, nos subestima, nos amenaza. Saldré mañana a marchar porque no es responsable esperar a ver en los informativos o en redes sociales “cómo estuvo la marcha”, como quien ve los toros de lejos y sólo se limita a quejarse de todo y a postear memes que otros inventan. Saldré mañana porque soy libre y por eso disiento. Saldré mañana por aquellos que aún siguen trabajando para el poder sabiendo que todo fue una mentira, porque ellos han perdido su libertad. Por ellos saldré mañana, a ejercer mi libertad.

Seremos “cuatro pelagatos”, sí, cada uno con sus motivos. No me cabe duda de que muchas de las razones por las que varias personas saldrán mañana a la marcha nacional, son particulares o desconocidas. Y sin embargo, tengo la seguridad de que seremos solidarios porque nos indigna tanto disparate, porque nos agota tanta desvergüenza. Y porque sabemos que pase lo que pase, seguiremos resistiendo. (ksm)

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One thought on “¿Por qué saldré a marchar mañana?

  1. Erika dice:

    Qué lindo escrito! Ahí nos vemos hoy.

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