el sonido de tu voz

Reflexiones sobre inclusión y discapacidad

Por Karina Marín

Julián mira a través de la ventana de su habitación. Observa, canta una canción, se calla. Es difícil adivinar en qué piensa. De repente, lo dice: “todos los niños se fueron. ¡Mamá, quiero ir al colegio! ” Lo dice con emoción, luego ensaya una sonrisa que es la señal que él usa para expresar que espera una respuesta inmediata y positiva. Me acerco y beso la punta de su nariz. Siento vergüenza porque no sé qué responderle y desde la vergüenza le distraigo, cambio de tema y él se ocupa rápidamente en un libro que ha encontrado. Lo miro y me pregunto qué recuerda, qué piensa. Me asusta y me conmueve la conciencia que tiene de estar del otro lado de la ventana, en casa, esperando que algo suceda.

En estos días, hemos planificado actividades para él: que si los números, que si hablar de la naturaleza, que si recoger hojas y ramitas, que si leer letras de canciones y repasar ciertos sonidos. Pero él no se siente conforme. Quiere salir, le gusta estar rodeado de gente aunque luego tienda a aislarse, observa la mochila de su hermano, se aburre tremendamente.

Él no quiere quedarse en casa, él quiere ir al colegio. Pero esta mañana, una vez más, un nuevo intento ha terminado en negativa. “No tenemos cupo”, me dicen, y yo vuelvo a romperme en pedazos como antes. Siento vergüenza de mi vulnerabilidad, lo confieso, y aunque es una respuesta que no sorprende, aunque es la respuesta más probable, siempre vuelvo a quebrarme. Finalmente, como he dicho ya antes, detrás de las convicciones, de la lucha, de la conciencia crítica que tengo ante esta situación, a quien le dicen que no una y otra vez es a mi hijo y le dicen que no porque él es quien es. Porque somos quienes somos.

Y hoy estoy quebrada, rota de nuevo, con nostalgia de lo que tuvimos antes, del primer día en el que Julián usó el uniforme de su colegio en Bogotá. Con nostalgia de la fiesta de los países, en la que él hizo las veces del anfitrión brasileño. Con nostalgia de verlo irse en su ruta y de saberlo rodeado de niños que aprendieron a estar con él y permitieron que él fuera parte de su grupo. Tengo nostalgia, tengo tristeza. Y siento vergüenza: discúlpame Juli, hoy no sé cómo, no sé qué más.

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One thought on “Del otro lado de la ventana

  1. María Dolores Pazmiño dice:

    FUERZA KARINA. NO PIERDAS LA ESPERANZA Y LA FE. PRONTO TUS RUEGOS SERAN ESCUCHADOS. PACIENCIA. DIOS TE BENDIGA

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